Estos días hemos reflexionado y girado en torno a una idea que nos ha llamado la atención en este comienzo de año. La hemos escuchado de dos arquitectos diferentes y con diferentes enunciados: por una parte, en el BIM Summit 2015 de Barcelona, en la presentación del Máster BIM de Zigurat, Gustavo Ferreiro hablaba de la organización colaborativa de proyecto, de los niveles de competencia y los perfiles BIM, y dijo: “Son personas que usan tecnologías”. Por otra, Felipe Choclán y Leticia Sauco, en su intervención en la Maestría de Administración de la Construcción (Máster en Dirección Integrada  en Proyectos de Construcción) de la QLU-Universidad de Louisville, sede de Panamá, expresaron de forma más taxativa: “BIM es un 10% tecnología y un 90% sociología”.

Intentamos comprender mejor, desde la experiencia de estos profesionales, las dificultades que puede suponer la implantación de una novedad tecnológica en nuestro entorno. Tras varios años divulgando la misma, aún podemos encontrar oposición de personas, -en diversos niveles y en algunas organizaciones- que hacen complicado llevar el mensaje a los empresarios y equipos directivos con capacidad de decisión, de que esta tecnología está madura y es relativamente fácil de implementar, y de que la mayor dificultad es la falta de una cultura de trabajo colaborativo.

Entender la dinámica de estos nuevos sistemas y lo que involucran en cuanto a I+D ( en su amplio espectro y no como mero marketing sin ningún arraigo real a los procedimientos efectivos de implantación) sigue siendo el mayor reto.

Implantar BIM con éxito en una organización involucra poner en marcha la optimización de sus procesos y obtener, en un plazo razonable, resultados mensurables de retorno de inversión. 

Innovar, en el caso específico de la metodología de trabajo en BIM, conlleva un componente “sociológico” determinante, porque propone, permite, y por tanto requiere una colaboración entre los implicados que hasta ahora no había sido posible. A cambio, nos garantiza beneficios, como una continuidad de los procesos sin pérdida de información, o una entrega integrada de proyecto (IPD), a lo largo de todo su ciclo de vida.

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EASTMAN, C. 2011©
La pérdida de datos en el paso de cada fase sucesiva (planificación, diseño, construcción, puesta en marcha, operación y renovación)  ha marcado a la baja la productividad en la industria de la construcción. Su explicación gráfica es conocida, y nos ha recordado este otro esquema que circula por las redes, que muestra lo acertado de los enunciados de los BIM Managers más avanzados.

La falta de “sociología”, el no convencer al equipo de personas implicadas, no involucrarles en los nuevos procedimientos, puede llevar al fracaso de cualquier implantación BIM, con el resultado de una “vuelta atrás”, al territorio conocido del CAD, y a una pérdida de tiempo, recursos y credibilidad. 
 
 
Una de las mayores ventajas de implementar la programación de un proyecto sobre un modelo  (BIM 4D) es obtener la representación tridimensional de la secuencia constructiva. Visualizar el modelo de trabajo no sólo nos ayuda a prever los riesgos técnicos y logísticos, sino también a desarrollar un plan de proyecto que integre todas las áreas de conocimiento en un mismo entorno virtual

Además, acceder a un nivel BIM 4D facilita la administración de los recursos y el cronograma, las simulaciones para el Plan de Evaluación de Riesgos y la planificación visual de la calidad. De este modo podremos unir las necesidades y las comunicaciones en un solo Modelo de Información del Proyecto (PIM, Project Information Modeling).

La forma en que la gestión de BIM 4D debe comenzar es mediante el uso de una Estructura Desagregada de Tareas (EDT), herramienta que nos sirve para definir el alcance del proyecto y tener una visión integral del mismo.

Por ello, aconsejamos modelar teniendo en mente los paquetes de trabajo que han de ser asignados por contrato a los diferentes agentes de la construcción, o que se van a organizar según diferentes fases del proyecto. Así organizaremos el proyecto de forma que al ser exportado a nuestra herramienta 4D (nosotros usamos Synchro), la planificación sea mucho más fácil.

La forma en que se estructuren estos paquetes de información nos ayudará, con la facilidad añadida de su visualización, a replanificar actividades (tanto las que puedan ser adelantadas como las que deban ser retrasadas). También nos ayuda a realimentar la EDT cuando aparecen resultados no previstos (falta de recursos, dificultades externas al proyecto, etc), en especial cuando necesitamos ejecutar diferentes proyectos al mismo tiempo. Es importante saber cuándo pueden ser trasladados recursos de un proyecto a otro, sin importar el tamaño, pero lo más importante es el control del proceso, la optimización de cada "entregable".
El sistema IPD (Integrated Project Delivery) nos ha ayudado a tener un enfoque más sostenible de los recursos utilizados en una cartera de proyectos o un conjunto de programaciones. 

Hasta hace poco, también nosotros pensábamos que el BIM 4D sólo tendría uso en las grandes empresas, porque han sido las primeras en comenzar a implementarlo en sus proyectos. Sin embargo, la experiencia con pequeños contratistas nos ha enseñado que la problemática y necesidades de una gran constructora son las mismas de una pequeña empresa: sólo cambia la escala. Y aunque la madurez de la organización también es importante, una empresa constructora orientada hacia los procesos BIM debe contemplar los mismos principios del sistema, independientemente de su tamaño. 

La escasez o baja disponibilidad de recursos -humanos, maquinaria o herramienta- propia de las pequeñas empresas, exige una mayor optimización. Con los pequeños planificadores, hemos comprendido que las constructoras pequeñas y de tamaño mediano, con menores recursos pero que también asumen importantes riesgos, tienen más necesidad, y más facilidad, de implementar un sistema BIM 4D.
 

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